La criticaban por vivir en un contenedor con sus 4 hijos, pero cuando lo vieron por dentro...


No hay nada más fuerte ni resistente que el cariño de una madre hacia sus hijos, quien es capaz de hacer lo que sea para sacarlos adelante, sin la necesidad de depender de un hombre para lograrlo. A pesar de que su marido la dejó con sus cuatro hijos por irse a vivir lejos con otra mujer, Lulú a sus 36 años, es un ejemplo de que se puede salir adelante aunque falte dinero, si sobra el amor.


Estando en la calle, sin un techo donde vivir, ni dinero para comprar algo de comer,  Lulú se enfrentaba al reto más grande de su vida; encontrar un hogar donde poder seguir criando a sus hijos. Después de ser rechazada en muchos lugares e incapaz de conseguir un préstamo para pagar la renta de un departamento, la mujer se estaba quedando sin opciones.

Fue en ese momento cuando encontró lo que se convertiría en la salvación de su familia. Un contenedor de basura abandonado.


Al principio este se encontraba en muy mal estado, pero Lulú vio más allá de sólo unas paredes de metal viejas, ella tenía la visión de tener un hogar y no descansaría hasta conseguir que aquel contenedor lo fuera.

Con 4 bocas que alimentar era momento de poner manos a la obra. Lulú consiguió un trabajo que le permitía llevar alimento a su nueva casa y poco a poco ir llenándola de cosas en su interior.


La gente de los alrededores la miraba raro y le preguntaban seguido por qué estaba en ese contenedor, pudiendo pagar la renta de una casa con su nuevo trabajo, a lo que ella contestó: “este contenedor es nuestro hogar”.

Pasó el tiempo y el ir a trabajar para después regresar a casa con sus hijas a limpiar el contenedor, se convirtió en la nueva rutina de Lulú.

Ya pasados algunos meses Lulú invitó a los vecinos a tomar una taza de café, los mismo que le habían dicho que se fuera de ahí.  Ellos al principio no estaba muy convencidos pero finalmente aceptaron por mera cortesía. Cuando llegaron a la entrada del contenedor Lulú abrió la puerta y los vecinos quedaron impactados con lo que veían sus ojos.



La casa-contenedor de Lulú y su familia no era muy diferente por dentro a una casa cualquiera del vecindario. La casa contaba con muebles, habitaciones, baño, boiler, una cocina e incluso una habitación de juegos donde sus hijas invitaron a jugar a sus vecinitos mientras sus padres tomaban una taza de café.


Una madre no conoce de obstáculos, cuando están de por medio sus hijos, ellas se convierten en las mejores guerreras. Hoy en día Lulú está estable en su trabajo y podría irse del contenedor si quisiera, pero cómo dijo al principio; ese contenedor es su hogar.

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